Silvia

Aquí tienes a una chica, casi una mujer, con la mejor educación, bonita, de familia respetable y muy inteligente. Su vida marcha bien, su futuro es excelente, tiene un novio, tiene un trabajo y toda una vida por delante. Un día regresa a su casa y mientras cena, completamente sola, tiene una idea, una realización -El mundo estaría mejor sin mi.

Por más que intenta, no puede sacarse ese pensamiento de la cabeza. Va a terapia, hace deporte, habla con sus amigos, la gente a su alrededor se preocupa y la tensión crece. La situación estalla cuando su novio le propone matrimonio. Su novio está dispuesto a sacrificarse por ella, a saltar de cabeza hacia una relación problemática y comprometerse de por vida, sólo para ayudarla. –El mundo estaría mejor sin mi, piensa.

La farsa continua. Su madre se preocupa, llora y reza. Ella sólo puede pensar. -El mundo estaría mejor sin mi. Todo parece apuntar a que sí. El día llega, está con su madre y su novio. Su madre está escogiendo los vestidos para sus damas de honor, hundida en una estúpida revista de bodas. Su novio está hablando con la wedding planner, que si los manteles, que si los arreglos, que si la banda es en vivo. La casa es grande, su madre está en otro piso, su novio en la sala. Ella está en su cuarto pensando -el mundo estaría mejor sin mi. Sin particularmente buscarlo, siente el metal frío en su mano, el peso sobrecogedor de un arma cargada. ¿Cómo algo tan pequeño puede pesar tanto? Aprieta sus dedos, levanta sus brazos y en el mismo movimiento, sin querer queriendo, medio jugando, aprieta el gatillo.

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