Paulo

¿Ya regresó la Ram otra vez? Hijo de tu rechingada madre, ¿qué no te fijaste? Puta madre. Eso me pasa por contratar un puto lavacoches. Ni siquiera apretar una puta tuerca puedes, pendejo.

Gü-güevos, nno soy l-lavacoches, s ssoy mecánico. Contestó el Pochas, a pesar de que tartamudeaba mucho, no era lento para contestar.

¿Ah sí pendejo, muy chingón? 

N nno me p pagas ppor lavar coches, repeló. Tratando de sonar altanero pero con los hombros encogidos.

Te vale madres para qué te pago güey, ahora te pones a lavar todos los putos coches o te vas a la verga, tú decides. Va en serio pendejo, si no de una vez vete a tu puta casa y ahí quedate. ¡Es la tercera pinche vez que regresa esa madre por tu puta culpa!

El taller se quedó callado con nuestros gritos. Me tranquilice. Lo dejé en paz. Pinche Pochas, no es su culpa, nació pendejo. No entiende, si no estoy agarrándole la cola no puede ni poner un tornillo bien. Me lleva la chingada. Voy a tener que arreglar esta chingadera yo solo. No se puede llevar un taller con puro pinche analfabeta. Me fui a trabajar sobre la Ram, esa pinche camioneta… Ya regresó tres veces caliente como la chingada y nomás no queda. Encima el dueño es mi cuñado. Me lleva la chingada.

En el taller hay tres empleados: José era taxista y es el chofer, entrega y recoge carros, pero nada más, no puede ni cambiar el aceite. El Pochas es el mecánico, está conmigo desde los 13 años, es un pinche huevón pero le tengo un afecto especial: lo rescaté de un lavado de coches, traía una playera de las Chivas manchada de aceite y marrana como la chingada. También está Ermenegilda (Erme), la secretaria. Esa no sé ni de dónde salió, pero está embarazada la cabrona. La neta todo lo termino haciendo yo.

Sin voltear a ver al pinche Pochas, agarré mi moto y me fui a Tlahuac, puto Tlahuac, está de la verga y bien pinche lejos, pero todo es más barato. Dejé de comprar en la Portales porque vendían pura mierda y la mayoría de las veces ni siquiera tienen nada, hay que pedirlo y te traen como pendejo dando vueltas. En Tlahuac no, ahí hay bodegas chingonas. Está hasta casa de la chingada, pero al menos no das vueltas.

Salí de coyoacán hecho la madre por Río Churubusco, en mi pinche motito que está chingona. En moto llegas en putiza, me traigo las piezas cargando y pierdo mucho menos tiempo. Para cuando regresé el radiador de la Ram ya estaba abajo, todos los carros limpios, el mío encerado y el Pochas estaba como sedita. Así es el cabrón, parece que le gusta que lo ande cagando.

Ya eran las seis, fui a entregar el carro del Dr. Mora ahí en Coyoacán con el José y a las siete los mandé a todos en pesero. Hoy no te llevas la Caribe, pendejo. Le recordé al Pochas. A veces se la presto, pero si te dejas te chingan, así siempre ha sido, este güey no entiende si soy de otro modo.

Regresé a casa, lo único que me motiva después de un día así es llegar a mi casa y comer una hamburguesa como las hace mi vieja, nadie las hace iguales. Me casé hace cinco años y es la mejor decisión que he tomado. En la tarde me habló para preguntarme que quería de cenar, le pedí hamburguesas de pechuga, mis favoritas. Ya tenemos un hijo, y es la neta el güey. Se lava los dientes y se pone la pijama solo, ¿cuándo has visto un niño así? Las chingas en el taller valen la pena sólo por ellos.

Llegué a mi casa en San Jerónimo pasadas las ocho. Cenamos y me chingué una coca de lata. Me fui a dormir y me cae que no pasaron ni dos horas.

Desperté y no pude hablar. Ahí estaba mi vieja, llorando en frente de mi. ¿Qué te pasa Paulo? No le pude contestar, se siente de la chingada no poder hablar. ¿Estás bien, estás bien? Conteeestame mi amor, decía, entre lágrimas. No podía hablar. ¡Te dió un ataque! me decía, ¿estás bien, estás bien? Estaba histérica y yo sin hablar. Le hablamos a mi prima que es médico, se puso seria y nos mando al hospital.

Tampoco pude manejar. Siempre manejo. Llegamos al Hospital Español y ahí estaba mi prima con un médico de urgencias. Nos hicieron algunas preguntas. Al parecer me dio un puto ataque epiléptico. No saben por qué, pero me mandaron con un neurocirujano de buenas a primeras, mala señal.

Poco a poco volví a hablar, me dieron unos calmantes y me fui recuperando. A las diez de la mañana hablé con Erme, les dije que tenía algo importante y los puse a trabajar en la Ram, a entregar un carro en Las Lomas (del otro lado de la ciudad) y les dije que los veía el Lunes, afortunadamente era viernes. Me lleva la chingada, mi hijo tiene 3 años. A las seis de la tarde todavía no había comido, mi esposa estaba hinchada de tanto llorar, nos trajeron en chinga entre estudio y estudio pero sin decirnos nada. A las ocho de la noche nos llamó el neurocirujano.

– Tienes un tumor cerebral, dijo, sin rodeos.  

Me puse a llorar. Hijo de la chingada. Mi esposa se puso a llorar también, nos abrazamos. Me sentí débil y pendejo, ¿cómo la iba a dejar sola? Ni madres, voy a pelear.

La solución era una operación, estaba de la chingada pero era la solución. En dos semanas regresé al Hospital Español y después de dejar todo en orden, me operaron y analizaron el tumor. Es un meningioma, me dijeron. Es cancer. Me lleva…

La operación no estuvo tan cabrona, pero quedé medio apendejado por tanto medicamento y por la quimioterapia. Se me olvidan las putas cosas. Hasta las llaves pierdo, así no era yo. Para acabarla de chingar en el taller todos se enteraron y me tratan como pendejo, no me dejan agarrar la moto y todos me hablan como si me la fuera a pelar. Hasta el pinche Pochas trabaja bien, hijo de su puta madre.

Me empecé a recuperar poco a poco, estaba peleando duro contra el puto cancer y parecía estar sacándole ventaja. Estaba leyendo mucho de superación personal, tratando de mejorar mi vida, mis hábitos, mi mal humor. Disfrutando a mi hijo, a mi vieja. Como a los seis meses me vino otra vez el pinche tumor. Hijo de la chingada.

Otra vez la misma receta. Operación, quimio y chinga. Sobreviví pero esta vez sí quedé medio raro, las cosas como que me pasaban de largo, los pensamientos ahí estaban pero no los podía agarrar. La recuperación estaba más cabrona. Me orinaba en los pinches pantalones, como pendejo. La única vez que intenté manejar, choque. Mi hijo me dijo: Papá, ahora que maneje mi mami. Eso sí está de la chingada, que tu hijo te diga eso.

Me decidí a luchar más cabrón: alimentación chingona, medicina alternativa, tanatología, acupuntura, volví a entrarle con ganas a la quimio, pero el puto tumor regresó una tercera vez. Otra vez estudios.

– No vale la pena operar, me dijo el doctor una última vez.

Me lleva la chingada. Pura pinche quimio y así estuve un rato, la quimio te acaba. El taller se fue a la chingada, si te dejas te chingan, siempre lo dije. Yo también me estaba yendo a la chingada, ya no podía ni caminar, hasta pañal me ponían. Mi hijo los dejaba y yo regresaba a ellos.

A los tres meses valió todo madres, ya no me pude parar de la cama. Dormía todo el día, y cuando hablaba parecía Corky, pinche vida. Lo único que me alegraba el puto día era mi vieja, veía su cara desde abajo, desde la cama, siempre iluminada y sonriente. Casarme fue lo mejor que hice. Escuchaba la voz de mi hijo, estaba creciendo, sin mi. Pinche vida de mierda.

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